Estados Unidos se enfrenta a un fuerte aumento de enfermedades respiratorias (influenza, COVID-19, VSR y tos ferina) y una nueva cepa de influenza más agresiva, el subclado K del H3N2, impulsa una parte importante del aumento. Las admisiones hospitalarias han aumentado considerablemente: casi 40.000 personas fueron hospitalizadas la semana pasada, un aumento de más del 16% con respecto a la semana anterior. Esta temporada ya ha visto al menos 15 millones de enfermedades, 180.000 hospitalizaciones y 7.400 muertes atribuidas sólo a la gripe, con 19 muertes pediátricas registradas.
La situación se ve agravada por una ola creciente de infecciones por COVID-19 y la circulación continua de otros virus respiratorios. El experto en análisis de salud Mike Hoerger estima una probabilidad del 25% de exposición en una habitación de solo 15 personas, y algunos estados presentan riesgos aún mayores. Esta alta tasa de exposición sostenida tiene implicaciones a largo plazo, incluida la creciente prevalencia de COVID prolongado, para el cual el tratamiento eficaz sigue siendo difícil de alcanzar y las clínicas están cerrando a un ritmo alarmante debido a la falta de financiación.
La transmisión aérea es el riesgo
El consenso científico ahora reconoce que los virus respiratorios se propagan principalmente a través del aire. Incluso la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) confirma que la transmisión aérea es el mecanismo principal. Esto significa que mejorar la ventilación en los espacios interiores es fundamental: los intercambios de aire más frecuentes reducen el riesgo de exposición. Sin embargo, la mayoría de las empresas, escuelas y centros sanitarios no comparten datos sobre la calidad de la ventilación, lo que dificulta una evaluación de riesgos informada.
El debate sobre las mascarillas: por qué las N95 son cruciales
El debate sobre la protección respiratoria se centra en la eficacia de los diferentes tipos de mascarillas. Las mascarillas quirúrgicas (a menudo llamadas “azules holgadas”) se utilizan ampliamente, pero brindan una protección mínima debido a su ajuste holgado y alta fuga.
Los expertos ahora sostienen que los respiradores N95 (y modelos equivalentes KF94/KN95) son la mejor opción. Agencias federales como NIOSH y OSHA determinaron previamente que las mascarillas quirúrgicas ofrecen una protección inadecuada contra los contaminantes transportados por el aire, sin embargo, el Comité Asesor de Control de Infecciones de Atención Médica las consideró equivalentes de manera controvertida a fines de 2024.
Una coalición de 50 expertos, incluidos investigadores de Oxford y Yale, escribió a la Organización Mundial de la Salud (OMS) exigiendo que los respiradores se conviertan en el estándar predeterminado para los trabajadores de la salud. Argumentan que seguir recomendando mascarillas quirúrgicas es “científicamente indefendible” y “peligroso”.
Por qué los ensayos clínicos no son la respuesta
Quienes se oponen a este cambio citan la falta de ensayos clínicos definitivos que demuestren la superioridad del N95. Sin embargo, expertos como el Dr. Adam Finkel descartan este argumento por considerarlo poco ético y poco práctico. La realización de ensayos aleatorios que comparen grupos con respirador versus sin respirador expondría a los participantes a riesgos innecesarios. Lo compara con el cuestionamiento de la necesidad de paracaídas o delantales de plomo: “Está muy claro que los N95 son (aproximadamente) 90% efectivos, y ¿por qué no querrías que te entre un 90% menos de virus?”
Costos económicos de la inacción
La carga financiera de las enfermedades respiratorias prevenibles es enorme y supera los 10 mil millones de dólares anuales sólo para la influenza. Invertir en mejores máscaras y sistemas de ventilación podría reducir significativamente estos costos. Sin embargo, las decisiones políticas están socavando la salud pública: Robert F. Kennedy Jr. ha abogado por reducir las vacunas infantiles recomendadas, a pesar de que el 90% de las muertes pediátricas relacionadas con la gripe la temporada pasada ocurrieron entre niños no vacunados. Los expertos advierten que es probable que las consideraciones de salud pública sean secundarias a los impactos económicos en las decisiones políticas.
La trayectoria actual exige un cambio claro y decisivo hacia la priorización de una protección respiratoria de mayor grado. Ignorar la ciencia y confiar en medidas inadecuadas sólo prolongará el impacto de la pandemia y expondrá a más personas a enfermedades y muertes prevenibles.
