Los orígenes de la vida pueden estar en el frío vacío del espacio

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La búsqueda de vida más allá de la Tierra a menudo se centra en “zonas habitables”, regiones alrededor de estrellas donde puede existir agua líquida. Sin embargo, una nueva investigación innovadora sugiere que la química fundamental de la vida puede no requerir ambientes cálidos y húmedos en absoluto, sino que se origina en la gélida oscuridad entre las estrellas. Esto cambia la línea de tiempo para el surgimiento de la vida, lo que implica que los componentes básicos de las proteínas podrían formarse antes de que existan los planetas, entregados más tarde por cometas y asteroides.

Cómo el espacio ensambla la química de la vida

Desde hace décadas, los científicos saben que los aminoácidos (las unidades básicas de las proteínas) están presentes en meteoritos y cometas. El eslabón perdido era demostrar que estos aminoácidos en realidad podrían unirse formando péptidos (cadenas cortas de aminoácidos) en condiciones realistas que se encuentran en el espacio. Las suposiciones anteriores se centraban en gran medida en la necesidad de agua líquida para impulsar este proceso.

El nuevo estudio cambia esto al simular condiciones interestelares en una cámara de vacío. Los investigadores congelaron glicina, el aminoácido más simple, sobre una superficie fría y luego la bombardearon con partículas cargadas que imitaban los rayos cósmicos. Este bombardeo no destruyó la glicina; en cambio, desencadenó la formación de glicilglicina, un péptido de dos unidades, junto con otras moléculas orgánicas complejas. Esto demuestra que la radiación, a menudo considerada destructiva, en realidad puede facilitar el montaje de estas cadenas en condiciones frías y secas.

Implicaciones para el origen de la vida

La visión tradicional de los orígenes de la vida enfatiza los entornos similares a la Tierra, como las piscinas volcánicas o las fuentes hidrotermales, como cunas de la vida. Estos lugares proporcionan agua líquida y calor geotérmico, que se pensaba que eran esenciales para las primeras reacciones bioquímicas. Sin embargo, estos nuevos hallazgos sugieren que los pasos clave hacia la vida pueden ocurrir mucho antes, dentro de las vastas nubes de gas y polvo que colapsan para formar estrellas y planetas.

Si los péptidos se forman habitualmente en los granos de polvo helado de estas nubes, podrían incorporarse a cometas y asteroides y, en última instancia, enviarse a los planetas en formación, proporcionándoles un “kit de inicio” químico preexistente. Esto significa que los planetas pueden comenzar su existencia con un inventario de moléculas similares a proteínas más rico de lo que se imaginaba anteriormente.

El universo puede estar maduro para la vida

Si se pueden formar péptidos en presencia de hielo frío, polvo y radiación, entonces la química de la vida podría no ser rara ni frágil. Más bien, podría ser una consecuencia natural de cómo se comporta la materia en muchas regiones de formación estelar a lo largo de la Vía Láctea y más allá. Esto aumenta drásticamente la probabilidad de que muchos planetas rocosos comiencen su historia ya sembrados de moléculas orgánicas complejas, acelerando el camino hacia el desarrollo de sistemas vivos.

Futuras misiones espaciales diseñadas para tomar muestras de cometas, asteroides o polvo interestelar podrían probar directamente esta hipótesis. Si se detectan péptidos cortos en estas muestras, se reforzaría aún más la idea de que la vida en la Tierra (y potencialmente en otros lugares) tiene una sorprendente deuda con la química que se produce en los rincones más fríos y oscuros del espacio.

En esencia, esta investigación sugiere que el universo puede ser mucho más propicio para el surgimiento de la vida de lo que se pensaba anteriormente, y que las semillas de la vida podrían esparcirse por el cosmos mucho antes de que se hayan formado los planetas.